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En esta etapa, no esta el creyente tan preocupado por resolver favores divinos o manipular a Dios, sino en adoradle y reverenciarle por su Eterna Majestad, Poder y Soberanía como el Creador de todo lo que existe, y el Salvador de su alma.
Es interesante notar, que hay iglesias enteras, que están paradas totalmente en esta etapa del creyente. Todos sus cánticos, y lecturas bíblicas giran en torno a la inmensidad y soberanía de Dios. Hecho que no esta mal del todo, pero lo triste es que no salen de ahí.
Dios, la trinidad, y sus deidades eternas, son mucho mas que un Dios distante, majestuoso y soberano en un lugar lejano y sombrío del espacio. No es solo admirar su Deidad, debemos avanzar a otras etapas mas maduras.
3)TERCERA ETAPA. (Adoración-Contemplación)
Amamos a Dios, por el bien de Dios y no por el nuestro: El cristiano que va caminando a pasos firmes y sólidos en la comunión y la relación personal con el Trino Dios, ha de comenzar a mirar a Dios, como la persona eterna y hermosa de la trinidad que le ha creado para su mas noble y santo sentimiento de morar eternamente en simonía y armonía con el. Es la danza eterna de la trinidad, la cual quiere incorporar al hombre ( a su imagen y semejanza), a danzar, el baile divino de las edades eternas.
En esta etapa, el creyente comienza vislumbrar el plan de Dios para su vida, que consta desde la Eternidad y para la Eternidad. Todos los acontecimientos de su vida han sido parte de ese plan eterno de Dios, para que more en plena luz con el. Por lo que ya tiende a indagar menos a Dios, y a aceptar su paquete de sufrimientos que le ha tocado vivir. Comprendiendo por la fe, que detrás de cada segundo aparentemente perdido en su vida, esta la incomprensible mano amorosa de Dios, que ha ido tejiendo los valores mas hermosos que saltan de su corazón.
No esta ya tan enfocado en su propio bien, no esta tampoco tan maravillado todo el tiempo por la inmensidad y la deidad incompresible del Ser Supremo, sino que ahora el creyente se deleita, se goza y disfruta en el gozo indescriptible de lo que es la comunión personal con Dios, a través de su Hijo, Jesucristo. Comienza a ser derramado en su corazón, la gracia divina que le ha abrazado desde la eternidad. Por ende, solo desea el bien de Dios, y la complacencia sencilla y humilde del creador, sustentador, y salvador soberano de su propia alma. Considerando que ninguna obra o labor humana es para nada digna ante la presencia del Ser Supremo.
4) CUARTA ETAPA. (Dignidad que proviene de Dios)
Amarnos a nosotros mismos, para la Gloria de Dios: Esta etapa la consideramos la más madura. El creyente ha de estar casi totalmente convencido de la justificación por la fe, y la salvación por gracia. Ya esto ha dejado de ser un fundamento teológico en su mente, para comenzar a ser una vivencia real y genuina dentro de su corazón. Transformando toda su existencia en este mundo y su cosmovisión total para con todos sus semejantes.
En esta maravillosa etapa, podríamos decir que el cristiano, esta casi completamente convencido del perdón de sus pecados y de la gloriosa vida que es en Cristo Jesús, gozando así, de todas sus herencias en gloria, las cuales son propias, para sí, desde antes de la fundación del mundo, en la obra expiatoria de Cristo Jesús.
Es la etapa el creyente no ha de cuestionar casi a Dios. No demanda de Dios, ni en su más sutil manera quiere e intenta manipular la soberanía adsoulta del creador para su beneficio personal.
Reconoce al soberano Dios, que hace “que todo obre para bien de los que a El aman”. No esta enfocado en comprender o entender de alguna manera el laberinto de su vida, sino que esta totalmente enfocado en tomar toda su historia y darle con ella completa gloria a Dios. Cultivando una relación y meditación diaria de su corazón, con el Espíritu de Cristo. Es cuando las verdades del evangelio comienzan a bajar de la cabeza al corazón, haciendo cambios increíbles en la conducta del creyente.
Es capaz de amar a otros y perdonarles por el convencimiento total de que sus más terribles maldades vividas han sido totalmente perdonadas.
Esta es la etapa gloriosa del cristiano. (no religioso, ni fariseo). Que acepta en su corazón con sencillez, que Dios no ha terminado con el aun su obra. Que es un aprendiz en las cosas de Dios. Un vulnerable pecador, incapaz de hacer obra alguna que merezca la complacencia divina. Totalmente salvo por gracia, y justificado por fe. Una obra netamente divina y sin tener en cuenta sus “propios meritos”.
Consciente de que no existe el experto total, en la viña del Señor. Se extiende a lo que esta adelante. Prosigue a la meta del supremo llamamiento. Con paso humilde, sincero y firme, sigue su paso por el mundo, como peregrino aquí. Compasivo, lleno de amor y pendón por los otros, amante y perdonador, se entrega a otros, que piensan que aun falta una eternidad por delante, para así, seguir nuestro eterno peregrinar con Dios.
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