Comprendiendo algo más, del equilibrio entre una y otra
www.salvosporgracia.comEl equilibrio sobre gracia y ley ha dado pie a debates de los siglos en la historia de toda la cristiandad. Comprender el puesto de cada una tiene y aplicar estos conceptos a nuestras vidas como creyentes es un gran desafío. Aun mayor es el hecho, de intentar explicarle a otros de una manera correctae el balance adecuado. Solo escribimos algunas notas de clase, y dejamos abierto a sus corazones sus propias reflexiones sobre el tema.
La ley nos muestra la moralidad y santidad de Dios. Podrimos decir que tan bien es como un proyecto de Dios, para poder reflejar su santidad por medio nuestro. Es el diseño moral para el cual hemos sido creados por Dios, mas tristemente destrozado con la caída del hombre en el huerto del edén. Todo este reflejo moral de Dios en nosotros, ha quedado destruido por la obra de Satanás. ¿Qué haré yo con la ley? (como predicador, maestro bíblico o consejero cristiano). ¿Empleare acaso el uso de esta, para mostrar mi superioridad espiritual? ¿Haré ver a otros cuan digno y débil son, por no haber cumplido la ley? La ley no debería ser utilizada jamás para redargüir, (regañar) y condenar a otros. “yo puedo percibir la corrección y ser mas receptivo a alguien que me habla con sus lágrimas que aquella que me impone la ley fuertemente con un dedo”.
La ley debe llevarnos a un arrepentimiento diario y continuo ante la presencia de Dios. Todos ante el espejo de la ley, somos tristemente incumplidores. Estamos Indiscutiblemente alejados del perfecto Dios. La ley se predica con poca profundidad hoy en día. Es usada para la manipulación, la represión, y la culpabilidad a otros. Muy sutilmente, a veces, utilizada para mostrar lo “condenado” que están algunos y lo “espiritual” que están otros. Triste es que haya predicadores y maestros que no aceptan de corazón cuan lejos estamos todos de cumplir la ley de Dios. Si en verdad, se franquearan y predicasen de sus propios corazones, (con humildad), podrían apreciar lo perdido y lejos que estamos todos de cumplir los preceptos divinos. Esto muestra la pecaminosidad generalizada y sin excepción alguna a la que estamos sometidos todos los hombres. Por ende, no hay intento del corazón del hombre que pueda salvarle por sus “propias obras”. No queda otra opción, sin excusa alguna, que abrazar y gozarnos en la gracia redentora, como único medio de salvación divina.
-¿Cuándo fue la ultima vez que predicamos un mensaje donde se reconociese la pecaminosidad que mora en nosotros? -Por ejemplo: ¿Cuántos cientos de predicadores multimillonarios les has escuchado hablar sobre la perversidad que produce el amor al dinero? La ley dice: "El que ama el dinero no se saciará de dinero y el que ama la abundancia no se saciará de ganancias.También esto es vanidad. Porque el amor del dinero es la raíz de todos los males” Esta es la verdad, no hay conviccion del pecado que mora en mí. No es, el interesante sueño del predicador que anhela una congregación que gime ante su propio pecado. Es algo aun más complicado y profundo que esto. Es el hecho de que los mismos predicadores y aquellos que ministran no acepten de corazón, cuanto pecado hay en ellos y cuan lejos estamos todos del cumplimiento de la ley moral de Dios.
El hijo pródigo, nos muestra el recibimiento de la gracia sola, y solo la gracia. En el mismo momento de su arrepentimiento frente al padre, ya habia estaba condenado, criticado y redargüido por la misma ley. El la conocía y había sufrido en carne propia todas las consecuencias que se derivan de no respetar la ley. No necesitaba entonces más ley y más condenación. Sólo quería abrazar y ser abrazado por la gracia. Esta es la Gracia Divina e irresistible que el Padre nos ofrece. Sin condición alguna, concede el perdón, la restitución del hijo. Es la gracia sóla en este momento la que transforma, restaura y hace fiesta por aquel hijo que estaba caído, y miserablemente perdido. Sin importar para nada en ese instante la ley.
Todos nosotros necesitamos meditar y reflexionar una y otra vez mas en esa maravillosa gracia, que es la que nos ha redimido. Que nos ha amado aún cuando nosotros no la conocíamos, ni habíamos inclinado nuestro corazón a ella. Pues, si la ley por un lado nos muestra la santidad de Dios y por otro lado nos revela nuestra pecaminosidad abrumadora. Al contraste de ello, la gracia de Dios, es la única que nos muestra la única manera posible y segura de una salvación eterna. Es la gracia por si sóla, la que nos hace tener un corazón agradecido a Dios.
Tal agradecimiento, es el que puede motivarnos genuinamente a una comunión con el Padre, y por lo tanto a un deseo ardiente y sincero por cumplir la ley de Dios. El cristiano maduro no desea ni anhela estar cerca de la ley de Dios, por el cumplimiento mero de las reglas o por el tan sonado ‘temor a Dios’. El cristiano profundo anhela la ley de Dios, para gozar cada día de una intima comunión con Dios y hacer de su alma un reflejo de la Gloria de Dios para otros. Pensamiento reflexivo La Ley, nos muestra: Que somos tan increíblemente y terriblemente pecadores que nunca seremos capaces de admitirlo por completo. La Gracia, nos revela: Que somos, a la vez, tan inmensurablemente y profundamente amados, que nunca seremos capaces de imaginarlo.