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Son muchas las personas que hemos soñado con llegar a un país altamente desarrollado para llevar a cabo nuestros más anhelados deseos y poder así vivir de una manera más descente y digna.
Personalmente, les confieso que por muchos años en Cuba, mi afán por escapar de la isla se convirtió en algo obsesivo y desesperante para mí. Esto, me llevó a cometer todo tipo de infracción y todo tipo de búsquedas desesperadas por lograr el anhelado deseo de salir de mi patria y alcanzar el “sueño americano”.
Muchos pasamos por las mismas luchas y creemos que un cambio de escenario nos puede librar de nuestro propio infierno. Los escenarios pueden ser diversos, la gama es amplia. Por ejemplo, alcanzar una fortuna, mucho dinero, tener un matrimonio feliz e hijos estables, salir del país donde estamos; llegar a acumular propiedades, autos, casas o establecer un negocio propio y poder ayudar a tantos de los que dejamos atrás. Son los anhelos propios del hombre que fue un día expulsado de un paraíso.
Otros escenarios, con los cuales creemos encontrar la felicidad, podrían ser, una pared de títulos universitarios que procedan de prestigiosas universidades, un libro escrito que nos haga reconocido, un nombre, una placa de honor, un estrella de cine o televisión, y la lista puede llegar hasta el más grande de los escenarios, una isla, un yate y un helicóptero privado. Cientos piensan: salud, dinero y amor, entonces seré feliz.
¿Quién tiene las tres en este mundo? ¿Por cuántos segundos las tienen? ¿Quién es feliz con estos trinos dioses sin el Dios de la Biblia? ¡Que triste la necedad, de nosotros, los hombres!
No podemos reconocer aun que fuimos hace muchos siglos atrás expulsados de un paraíso. De allí salimos con una identidad en ruinas, destrozados, desesperados, destruídos, maldecidos, desconsolados, vacíos, llenos de emociones terribles: temor, dolor, vergüenza, machismo, lucha interior, rebeldía, ansiedad por ser dioses, amor a la sabiduría del bien y del mal, desconfianza del uno por el otro, culpando a los demás y llenos de culpa a su vez por dentro, etc.
Nos expulsaron de un paraíso y salimos tan destrozados que no logramos en nuestra necedad ni comprender la magnitud de tales consecuencias. Y lo peor, entre mucho, haber perdido la relación personal con nuestro creador, con un Dios personal que se paseaba por el huerto.
Muchas veces me he preguntado: ¿Qué podría hacer con mi vida en un nuevo escenario como Estados Unidos? ¿Seguir en mi lucha desenfrenada, loca, atormentada, desesperada por nuevos cambios de escenarios? ¿Seguiré buscando la alegria y la paz en las cosas materiales de este mundo? ¿Seguiré en rebeldía con Dios?.
!Basta! He de parar. He de deterner mi marcha loca por las cosas de esta vida. La gracia de Dios, me ha alcanzado. Me ha mostrado que a un Salvador Dios ha enviado: "Para que todo aquel que en El crea no se pierda más, tenga Vida Eterna". (Juan 3:16)
He de concluir: que los cambios de escenarios no darán nunca al hombre la felicidad, y la paz interna que el hombre desesperadamente anhela y busca. Esa aceptación y ese amor genuino solo se encuentran en Dios.
Si así no fuese, entonces: No habría millonarios suicidados. No habría ricos, que se matan unos a otros por cuestiones de dinero y de transacciones bancarias. No habrían familias que se dividen y se acecinan por herencias y fortunas. No habría famosos que dicen no haberle encontrado sentido a la vida. No habrían millonarios gobiernos que quieren más y más y pelean entre si por fortunas y más tierras.
Hace 2000 años un hombre - Dios y dijo: La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. (Juan 14:27)
Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. (Juan 15:12)
Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. (Juan 6:35).
Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. (Juan 10:10)
Ese hombre puede llenar mi vida y la suya sin tener que desesperadamente estar buscando cambiar nuestros escenarios, todos los dias y los años de nuestra vida.
Su nombre es, Jesús.
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