¿Es un Cristo que nos resuelve todo?
Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso. (Lucas 23:42 y 43)
La historia de la muerte del Hijo de Dios tiene una aplicación muy preciosa para nuestras vidas, hoy. La Cruz de Jesús, sigue siendo un mensaje para nuestros corazones.
Jesucristo, sigue confrontando al hombre de nuestros días en una encrucijada clave que decide el destino eterno de cada uno de nosotros
“Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros”. (Lucas 23:39)Es común ver a tanta gente que se encuentran en una relación de agravio y sin esperanza con respecto a la cruz de Cristo. Quieren un Dios que resuelva todos sus problemas, que los baje de la cruz del sufrimiento de inmediato y cuestionan:
¿Por qué tantas catástrofes? ¿por qué los accidentes? ¿dónde está Dios? ¿por qué el terrorismo? ¿por qué las guerras y el dolor? ¿por qué lo permite? ¿por qué tantos mueren de cáncer u otras enfermedades? ¿por qué los ricos y los pobres? ¿por qué el hambre? ¿por qué no resuelves? ¿por qué?
Esta no fue la actitud de aquel impío que vio descender la Gracia de Dios, en la cruz del calvario. En la misma hora que se enfrentaba a su muerte y al destino eterno de su alma.
Dios no quiere que le usemos siempre para resolver nuestros problemas. Dios no siempre ha de querer librarnos de las aflicciones y del dolor que este mundo en caos nos presenta.
No habriamos de tener el genuino deseo de estar en el cielo con El, sino estuvieramos sumergidos todos en un mundo de dolor, de lágrimas y de sufrimientos.
Dios sólo quiere que usted y yo, aceptemos el sacrificio de Cristo en propiciación por nuestros pecados y su gracia inmerecida por todos nosotros
Esto haremos pues, hemos de tomar hoy, la opción de clamar como aquel impío:
“Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”. La gracia de Dios se derramará por nosotros, y el sacrificio de su Hijo Jesucristo, perdonará de una vez y para siempre, todos nuestros pecados.
“El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.” (Juan 3:36).
