JESUCRISTO, revelación excelsa de la gracia de Dios         
por Samuel Santiesteban
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Muchos creyentes a veces están confundidos, al pensar o considerar que la Palabra de Dios,(La Santa
Biblia) es la mayor revelación de Dios al hombre. En realidad los teólogos concuerdan que la más excelsa
revelación de Dios ha sido la misma persona de Jesucristo.

El reconocido autor Charles C. Ryrie, escribe en su libro “La Gracia de Dios” “El cristianismo se distingue
de otras religiones  precisamente porque encierra el mensaje de la GRACIA.
Jesucristo es la suprema
revelación de la Gracia de Dios.
La Salvación es por GRACIA y es la GRACIA la que gobierna y
fortalece el vivir del cristiano”. Y luego afirma más categóricamente “Sin la GRACIA el cristianismo no
es nada.”

Cuando leemos los relatos de los evangelios en el Nuevo Testamento y contemplamos las reacciones,
palabras vida de Jesús de Nazareth, tal cual como son relatadas por los escritores Mateo, Marcos Lucas y
Juan que fueron discípulos de Cristo, hombres que  desarrollaron por tres años de ministerio una
camaradería con Jesús, una relación de amistad con El, un diario vivir y una continuidad de su vida en esta
tierra, no dejamos de quedar maravillados al ver que Jesús es una muestra viviente y real de la Gracia de
Dios para con los hombres.

Si usted es de aquellos que leen estos escritos y  está comenzando a dar sus primeros pasos en la fe, algo
que le  recomiendo personalmente es comenzar por leer los evangelios, me refiero a los cuatro primeros
libros del Nuevo Testamento (Mateo, Marcos, Lucas y Juan). La Vida y Obra de Jesús:

Su compasión por los pecadores, por los considerados sucios e inmundos para fariseos y
legalistas:

Algunos ejemplos tales como, una mujer adúltera que todos quieren apedrear y matar en publico por la
infidelidad a su marido, más la respuesta de Jesús es: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más”

Jesús nos cuenta acerca de un padre que recibe a un hijo pródigo que ha desecho su herencia con
prostitutas, en rondas y parrandas, con amigos perversos. ¡No importa! Jesús dice que aquel Padre abre
los brazos y hace fiesta porque este era su hijo amado que estaba perdido y es hallado.

Su gracia se expresa en tolerancia, amor, sencillez y humildad. Dios mismo encarnado
mostrándonos Su Paz.

Otros pocos ejemplos: Pedro hundiéndose en el mar, por las fuertes olas y el viento. No tardo en clamar:
¡Señor, Sálvame! Pero allí estaría la mano de Jesús, quien presto está, a ayudar y a levantar al caído.

Ya se acercaba su muerte, y había comentado a sus discípulos que llegaría la hora en que El sería
entregado en mano de malos y pecadores y por ello suplica a sus discípulos que oren a Dios por El. No
faltaron en quedarse sus discípulos dormidos. No sólo una vez sino tres veces, pero la tolerancia del
Divino Maestro, conmueve mi alma.

La tempestad arrecia y los discípulos se desesperan mientras de pronto a Jesús despiertan para acusar y
culpar ¿Maestro, no ves que perecemos?; pero El Señor, les calma, la paz les concede y la salvación a la
embarcación otorga.


La Gracia del Salvador, no admite violencia o furor.

Ante el discípulo que toma espada en mano para defender a su maestro, El  contesta con sanidad y amor,
devolviéndole la oreja cortada.

Ante Pilato que exige pruebas, ejércitos y valientes seguidores de Cristo. Entonces a Pilato, Jesús le
replica: Mi reino no es de este mundo, si mi Reino fuese de este mundo, entonces mis seguidores pelearían
para que yo no fuese entregado a los judíos; pero mi Reino no es de aquí.

Y mi mente viaja inevitablemente de nuevo a la cruz, si allí mismo: “donde todo lo pagó, Cristo quien por
mi, libremente derramó su sangre carmesí” (como dicen las letras de un precioso himno). -en inglés
titulado, Jesus paid it all.-

En la cruz, se muestra la más sublime expresión de Su Gracia. Ya nada puede compararse o igualarse a
esto. No sólo todo el sufrimiento y su muerte en sí; pero aún mucho más, es su compasión en la cruz por ti
y por mí. Su muerte ha sido ofrecida por nuestros pecados.

Antes del camino al gólgota, es golpeado, abofeteado, y puesto sobre su cabeza una corona de espinas, le
hacen llevar su cruz, y allí sobre ella, le clavan sus manos y sus pies y sobre la cruz es colgado.

Pues me pregunto: ¿donde estaría yo en una escena como esa? Pues debajo de la cruz, cuestionado y
preguntado con otros ¿es este o no el Rey de los Judíos? ¿Es o no el Hijo de Dios? si salvó a tantos…
¿tiene poder acaso para  bajarse de esa cruz o no? Resucitó a Lázaro ¿No puede hacer ahora otro
milagro más?; pero en medio de todos nuestros pecados,  necedades y arrogancias:

 

La Gracia de Dios declara:

¡Padre, Perdónalos porque ellos no saben  lo que hacen!

¡Gracias, Señor!,  por ese divino, santo e incomprensible perdón.

Otra palabra no puedo decir, ¡Gracias!



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