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Es casi imposible pasar un tiempo de quietud en nuestra vida moderna. Tener momentos para reflexionar en soledad es algo que cada día se pone más distante. La vida pasa vertiginosamente y se nos escapan de nuestras manos los valores más importantes de nuestras vidas: los valores espirituales.
El amor sincero, la amistad sin interés, el cariño de la esposa y de los niños, los momentos bellos de la infancia, la hermandad con nuestros semejantes, el tiempo con los familiares y amigos, el amor a nuestros padres. Así pasan los años, y no hemos de tener tiempo para apreciar el amanecer y el atardecer de un sólo dia.
Sin embargo; no hemos dejado de alimentar nuestros cuerpos, de ir de vacaciones, de realizar cosas que nos dan placer, de observar la TV o escuchar la radio, de leer los periódicos y de trabajar y amontar riquezas en este mundo .
No podemos continuar así. No podemos dejar que otros tengan una experiencia con Dios, para después nosotros escucharles y entonces, nutrirnos de ellas. NUESTRA RELACION CON DIOS ES ALGO PERSONAL. No debemos pensar que siempre hemos de tomarla de otros. (Apocalipsis 3:20)
Tenemos que tratar de tener algún tipo de diálogo y de reflexión con Dios. ¡No lo dejemos para mañana! Nuestra propia experiencia con Dios, traerá cosas bellas a nuestras vidas. Tratemos pues, de conversar con Jesús, hoy.
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