Mi Dios, El Padre de toda

Consolación

  Por Samuel Santiesteban

“Hay muchos que no quieren leer o escuchar de cosas terribles, e incluso, podrían considerar que  mi estado anímico es pesimista o depresivo, al reflexionar sobre tragedias; pero estas son parte de la triste realidad de un mundo en caos y confusión.”

 

En otras reflexiones de este portal cristiano, hemos reiterado como todos los hombre hemos heredado una naturaleza adámica y además hemos de afrontar un mundo caído y maldecido por causa del pecado. Ninguno de nosotros está excepto de ser tocado por el sufrimiento.

 

Muchos creen que no les tocará nunca y otros al leer estas líneas podrán recordar algunas de las desgracias que les ha tocado afrontar en esta vida. Desgracias que podrían llegar a cualquiera de nosotros:

 

· El diagnóstico sorpresivo de un ser querido que ha contraído cáncer, leucemia o sida.

· La muerte de un hijo, y/o padres, hermanos (as) en un accidente automovilístico.

· El caos emocional en hijos y en cónyuges que afrontan un divorcio.

· El cónyuge que afronta el ver a su pareja en una silla de ruedas.

· El suicidio inesperado de alguno de nuestros amados familiares.

 

La lista de desgracias se podría hacer mucho mas larga y si continúo aumentando las calamidades,  es probable que usted no lea ni una reglón más de este escrito. No queremos leer acerca del dolor. No queremos pensar en cosas malas, hasta que nos toca a la puerta y nos llega nuestro turno, del dolor.

 

A estas situaciones no son inmunes tampoco, los creyentes en Cristo Jesús, quienes han sido sellados con la promesa del Espíritu Santo, a estos, también les ha de tocar una porción de todo el dolor de este mundo en caos.

 

Los teólogos hacen conjeturas; sobre el por qué de los sufrimientos en el creyente; pero la verdad es que nadie puede comprender la mente de un Dios infinito y soberano, lo cierto, es que Dios está ahí, y nada ha pasado sin su suprema autorización y sin su permiso.

 

Ante las fuertes calamidades de la vida, el creyente ha de salir purificado como el agua pura del manantial, templado como el acero bajo el fuego, y  brillando como el oro, que no pierde su pureza y valor, entonces, seguro más que nunca, de que Jesús es su redentor, su único sostén, en estos momentos duros, de la vida.

 

El único consuelo, lo único que nos sostiene y fortalece en los momentos duros de aflicción, es el Padre de Toda Consolación. No hay otra variante que meditar en sus promesas y apropiarnos de ellas:

 

Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. (2 de Corintios 1:4)

 

...pues sabemos que así como sois compañeros en las aflicciones, también lo sois en la consolación. El mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia. (2 de Tesaloniceses 2:6)

 

La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. (Juan 14:27)

 

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. (Mateo 11:28)

 

Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. (1 de Pedro 5:7)

 

¿Por qué te abates, ¡OH! alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios;

Porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío. (Salmo 42:5)

 

¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová. (Salmo 121:2)