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Afrontamos un mundo en caos, la economía inestable, el costo de la vida se encarece, la política se torna cada vez más sucia, la seguridad se hace frágil, las enfermedades aumentan, la moral va en descenso, la gente se ama cada día mas así mismo y menos a su prójimo. La vida se hace veloz y fugaz.
Estamos sumergidos incuestionablemente en una era ansiosa. La ansiedad está donde quiera y nosotros estamos sumerguidos en ella. La ansiedad está asociada a preocupaciones excesivas. Por ejemplo: miedo a que terminen las entradas económicas, a que el negocio quiebre, a que haya un accidente, a la enfermedad, a la pérdida de un empleo, al incierto futuro de los hijos o los nietos, a la pérdida de un familiar e incluso el temor a la muerte entre otras. La persona ansiosa le resulta bien difícil controlar su estado de constante preocupación.
A la ansiedad se asocian síntomas como el nerviosismo, la inquietud, la impaciencia, el cansancio, la dificultad para concentrarse, la irritabilidad, los dolores de cabeza, incluso a veces dolores en las articulaciones, incapacidad para relajarse, etc. La ansiedad altera el sueño, y también puede ocasionar sudoración, taquicardia, problemas gastrointestinales y aumento o pérdida del peso.
La ansiedad crónica consiste de una extrema preocupación y tensión y son muchas las personas que en busca de “calma y alivio” se convierten en consumidores desmedidos del alcohol, el tabaco, las drogas, el sexo, los medicamentos para los nervios e incluso hay quienes subconscientemente creen aliviar su ansiedad con mantener un ritmo de trabajo extremadamente acelerado.
Muchos siquiatras y psicólogos de nuestros días afirman que vivimos en una época saturada de ansiedad. Un mal generalizado que a todos nos azota y que en algún momento de nuestras vidas nos golpea fuertemente; llevándonos en ciertas ocaciones a una crisis emocional que marca nuestra vida. Y ante tal plaga nos preguntamos:
¿Puede un cristiano estar ansioso? ¿Hay fundamentos bíblicos para que podamos padecer de la ansiedad?
Se deshace mi alma de ansiedad; susténtame según tu palabra. (Salmo 119:28)
Versión Reina Valera de 1909 nos señala en el (Salmo 13:1-6)
¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí? ¿Hasta cuándo pondré consejos en mi alma, con ansiedad en mi corazón cada día? (Salmo 13:1-6)
Hijo de hombre, come tu pan con temblor, y bebe tu agua con estremecimiento y con ansiedad. (Ezequiel 12:17)
El nuevo testamento también nos relata de momentos de ansiedad, incluso en los discipulos de Cristo. ¿Cómo afrontar la ansiedad siendo creyentes de Jesucristo?
Jesús comprende nuestros estados ansiosos. El conoce nuestra naturaleza. El nos hizo; pero Jesús vino a ofrecernos paz, y es una paz que el mundo no puede dar. (Juan 14:27). Por lo cual debemos asirnos fuertemente de sus promesas y llevar a nuestras mentes a menudo este bello versículo:
Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. (1ra de Pedro 5:5)
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