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Hace poco me trasladaba en un Boeing 747, el cual puede volar hasta una velocidad
de 567 mph o  912 km/h  y remontarse a una altura de 35,000 pies sobre el nivel del
mar. Con la elegancia propia de la aeronáutica moderna, Dios le ha permitido al hombre
volar en confortables naves de un continente a otro.

Me encontraba sentado en una de las ventanillas del avion y desde allí comencé a
reflexionar en alguna medida sobre la relatividad del movimiento. Ya el avión había
dejado atrás toda superficie terrestre o bien desde mi ventanilla no era posible divisar
tierra. A lo lejos, en el firmamento se podían observar unas pequeñas y delgadas nubes
aglomeradas unas con otras, en la profundidad del océano se podían apreciar que se
trasladaban barcos o lanchas rápidas por la espuma blanca que estas dejaban detrás;
aunque no se podía apreciar sus movimientos. Las nubes, los barcos y el avión no
mostraban señales de traslación a tan enorme velocidad y altura. Todo parecía
detenido, en un micro relativismo del espacio cósmico.

El espectáculo me llamaba mucho la atención y continuaba observando como un niño
desde mi ventanilla en el avión. ¡Impresionante! todo parecía sencillamente estático “estábamos parados, detenidos en el tiempo y en el espacio”.

Sin embargo todo aquello era una apreciación falsa pues todos los artefactos se
movían a velocidades diferentes e impresionantes. ¡Hubiese querido compartir estas
emociones de relatividad con el famoso Albert Einstein!.

A este genio le debemos el enunciado de la "Teoría de la Relatividad". Gracias a sus
acertadas y complicadas fórmulas matemáticas los científicos han podido entender el
relativismo que puede encontrarse en el universo y llegar a explorar con naves
especiales el espacio exterior. Un ejemplo de ello es como han podido calcular con
extrema exactitud cada movimiento terrestre, de la Luna o de Marte. De esta forma, se
han enviado misiones espaciales a estos cuerpos celestes cuando todos estos se
trasladan y mueven a velocidades increíbles unos de otros.

Albert Einstein, no fue solo un científico que dejó un legado acerca de un modelo físico y
matemático del universo al hombre de hoy.
¡No! Este gran genio (por el cual se rigen los
científicos que exploran el espacio)  ha dejado al mundo un legado espiritual también:

Albert Einstein dijo:
"El  buen Dios no juega a los dados"

¿Por qué el hombre de hoy ha de olvidar estas profundas palabras del científico más
grande de nuestros tiempos? ¿Por qué hemos de olvidar el valor y la profundidad de
esta frase tan celebre? El Universo no ha sido una casualidad. No es como tirar unos
dados sobre la mesa para esperar cuando salga una buena partida y de un tiro lograr el
universo que nos rodea.

¡No! ¡No! El universo es el plan y la creación de un Dios eterno, supremo y todo
ponderoso...y apenas ahora el hombre comienza a asomar sus ojos.

Referencias: Salmo 19:1, Juan 1:3, Salmo 8:3.


Dios y el genio de la Teoría de la
Relatividad

Por Samuel Santiesteban
Albert Einstein,
(1879-1955) Científico
estadounidense de origén
alemán.

Está considerado por
muchos científicos como
el físico más importante
del siglo XX y
probablemente como el
mayor científico de todos
los tiempos.

Nació de padres judíos en
la ciudad alemana de
Ulm, este gran genio creó
y desarrolló las más
complejas fórmulas
matemáticas que regulan
la física moderna

De esta manera, los
hombres de ciencia de
hoy han comenzado a
entender en sus mentes
un modelo físico -
matemático de las leyes
que regulan el
movimiento de las
galaxias y los planetas.

En fin, gracias a Albert
Einstein, podemos
concebir en general una
idea de los complejos
movimientos del universo.
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